lunes, 15 de septiembre de 2014

HERMANO OBLATO DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD

"Dios dispone de todo para bien de los que le aman"
Romanos 8, 28

He querido en este día, en que la Iglesia celebra a Nuestra Señora de los Dolores, contarles como es que soy Hermano Oblato de Nuestra Señora de la Soledad. Aunque ya lo he mencionado y algunos me han visto con el hábito, considero que debo contarles esta historia, y a la vez, pedirles que rueguen por mi.
Desde niño he querido estar cerca de Dios, deseo que se hizo mas fuerte cuando hice la Primera Comunión el 30 de Diciembre de 1979 y comencé a asistir a Misa los Domingos y a confesarme y comulgar con frecuencia (primero en la Parroquia San Pio X y luego en Nuestra Señora de los Desamparados).
Este deseo de estar cerca de Dios, no siempre ha sido algo claro y definido. A los doce años comencé a sentir el deseo de ser sacerdote y, como desde esa edad asistía Misa a Desamparados atendida por los Padres de la Compañía de Jesús, pensé en un primer momento que mi lugar estaría con ellos (el primer sacerdote con quien hablé en serio de esto fue el P. César Regueras, S.J.). Mas adelante, pensé también que mi lugar estaría con los Franciscanos, ya que conversaba con frecuencia con un exalumno de mi colegio, que por aquel entonces estaba en aquella congregación.
Pero al acabar el colegio mi destino ya estaba cantado: había que ir a la Universidad. Ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú, y estudié en la facultad de Derecho. Mis compañeros, que sabían que trabajaba con los Acólitos de Desamparados, pensaban que mejor me iría de religioso que de Abogado (no se si lo decían por convicción, por bromear, o para librarse de un abogado que podría hacerles la competencia que, dicho sea de paso, está muy fuerte). Cuando acabé la universidad conversé sobre vocación con el P. Benjamín Crespo, S.J., pero me dijo que primero debía sacar el título de Abogado, (había que concluir lo empezado). Me titulé de Abogado el 24 de Septiembre de 1998, recuerdo que en la Sala de Grados de la la Facultad, cuando juré desempeñar mi profesión "de acuerdo a las leyes vigentes y a la moral cristiana", bese el crucifijo que presidía la mesa del jurado, y pensé: "lo he cumplido, ahora cuando quieras". 
El P. Benjamín había sido destinado al Seminario de Jaén, y por aquellos años conversaba con el P. Ignacio Muguiro, S.J. (a quien le debo muchísimo en mi vida espiritual), pero me daba temor tocar el tema vocacional de manera clara y directa; por otro lado los años pasaban y cuando le hable del asunto (ya tenía 35 años) me dijo que ya era un poco mayor para eso (algo que también me dijo otro jesuita). Sin embargo, el P. José Francisco Navarro, S.J., me animaba a tomar decisiones para mi vida en este tema (que dicho sea de paso, era algo que me daba miedo).
En el año 2008 la Compañía de Jesús dejó la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados y muchas cosas cambiaron para mi: al parecer mi labor en la pastoral parroquial había llegado a su fin. Por aquel entonces pensé que mi lugar podría estar en el clero diocesano pero, como me dijo en alguna oportunidad mi amigo el P. Enrique Rodríguez, S.J., "los diocesanos llevan un estilo de vida distinto a lo que tú conoces y estás acostumbrado a ver". El tiempo pasaba y ya estaba bordeando los cuarenta años, y las cosas seguían como el día en que me titulé de abogado.
Mientras tanto, las veces que iba a confesarme a la iglesia de San Pedro, hacía escala en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad (ubicada al costado de las Catacumbas de San Francisco), que el 6 de Junio del 2005 había sufrido un incendio y estaba maltratada. Como ya lo comenté antes, supe que salía una procesión majestuosa el Viernes Santo, pero nunca podía ir porque tenía que atender la liturgia en Desamparados. Me enteré después que allí se tenía la Misa en Rito Extraordinario (Tridentino, con el Misal de Pio V), así que fui por pura curiosidad el Sábado 29 de Junio del 2010 a ver como era (bueno, ya algo conocía del antiguo Misal, así que no fue difícil seguir la Misa en latín). Mientras esperaba que empiece la celebración, vi en el periódico mural una propaganda de los "Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad", rama de vida consagrada de la Asociación Pública de Fieles Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad (cuyo origen es la Cofradía de la Soledad y que pueden conocer en www.soleanos.com). Les escribí varias veces, pero no obtuve respuesta (habían cambiado de página web). Un día como hoy, hace cuatro años volví a entrar a la iglesia de la Soledad después del incendio (el Santísimo estaba expuesto) y me impresionó que, en medio de todo el desastre ocasionado por el incendio, se podía encontrar a Dios. El Domingo 19 de Septiembre fui al procesión que salía al mediodía, y le pedí a Nuestra Señora de la Soledad que me llevara a la iglesia de San Pedro (ya que pensé que allí podría servir mejor a la iglesia que en Desamparados).
La Virgen escuchó mi oración: en febrero encontré la nueva página de los Hermanos de la Soledad, les escribí y al día siguiente tuve respuesta. Al principio todo fue por internet, les mandaba algunos artículos que escribía en este blog. El 15 de Marzo del 2011 conocí al H. Rafael Andrade y comencé, con un poco de miedo (para variar) a conocer a los hermanos de la Soledad y a la rama de los Oblatos, recientemente creada y aprobada por el Arzobispo de Lima, y que contaba con solo dos miembros. Me acogieron con cariño.
Como dije los Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad son la rama de vida consagrada de la Asociación Pública de Fieles Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad: su misión es atender la liturgia y la vida de oración de la iglesia de la Soledad, así como la formación de los cofrades y colaboradores. Hacemos promesa de obediencia al Superior y celibato por el Reino de los Cielos (es decir, renunciamos al matrimonio) y, por ahora, vivimos en nuestras casas. No somos sacerdotes, sino solo hermanos.
El 15 de Junio del 2011 me incorporé como Colaborador y el 17 de noviembre pedí tomar el hábito, aprobando mi pedido el 1 de Diciembre. Pero ahora venía otra cosa: ¿cómo se lo decía a mi familia, que ni se imaginaba por donde andaba? Casi nadie sabía que iba a ser Oblato, solo unos poquísimos amigos. Quise comunicarlo en Navidad, cuando toda mi familia estuviese reunida, pero mis hermanos habían ido a pasarla en casas de sus respectivos suegros. Tenía que ser pronto, además el tiempo urgía: la toma de habito era el 9 de Enero. 
La noche de Año Nuevo del 2012 se lo dije a mis padres, quienes al comienzo me escucharon con cierto escepticismo. Recuerdo que la respuesta de mi mamá fue: "bueno, eso era lo que siempre querías".
El 9 de Enero del 2012 tomé el habito de Oblato, ceremonia muy sencilla a la cual asistieron mis padres, unos pocos familiares, dos amigos de la Universidad, y dos acólitos a quienes tengo mucho cariño. Mi familia estaba feliz y yo también. Allí comenzó mi periodo de iniciación (noviciado) y un camino en el cual me siento muy contento. Sin embargo no era "muy público" esto. Faltaba que lo sepan mis amigos religiosos.
El 12 de Diciembre del 2013, mientras en la iglesia de San Pedro estaba de ceremoniero en la ordenación sacerdotal del P. Adolfo Domínguez, S.J. (uno de los primeros acólitos que formé en Desamparados), en la Soledad se aprobaba mi pedido de ser admitido a las promesas temporales. Días después se lo conté al P. Enrique Rodríguez, S.J. quien me dio ánimos y luego al P. Guillermo Villalobos, S.J.; luego el 30 de Diciembre a la Hna. Gemma, Misionera Parroquial del Niño Jesús de Praga, quien me acogió los primeros años en la Parroquia de Desamparados. El "velo del misterio" comenzaba a descorrerse.
El Domingo 5 de Enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor hice mis promesas temporales, ceremonia a la que asistieron mis familiares, mis amigos de la Universidad y de Desamparados, y acolitaron mis queridos "Cuyes" (acólitos) de Desamparados. El P. Villalobos tuvo la homilía. En esa ceremonia, tomé el nombre de Manuel Ignacio de la Sagrada Familia: Manuel, por ser mi primer nombre, Ignacio por San Ignacio de Loyola y los jesuitas, y de la Sagrada Familia, por ser en ese día en que hice la Primera Comunión, el comienzo de todo. Después de eso publiqué las fotos y muchos amigos se enteraron, algunos jesuitas me mandaron palabras de aliento y me han ofrecido sus oraciones.
Esta es mi historia. Es mas larga, con luces y sombras, con mas personajes, aciertos y errores. Ha sido el paso mas atrevido que he dado en mi vida, yo que he sentido miedo muchas veces. Esta vez solo me he dejado llevar, como un niño, de la mano de María y de Jesús. Muchas veces le he pedido a Nuestra Señora, como San Ignacio, que me ponga al lado de su Hijo; es Jesús quien me ha puesto al lado de su Madre para acompañarla en el misterio de su Soledad.
Escribo este artículo, bastante largo, con mucha emoción y agradecimiento. Estoy feliz del paso que he dado. No es un camino fácil, por eso les pido que recen por mi, para que, como me dijeron el día que tome el hábito: "Dios que comenzó la obra buena, el mismo la lleve a termino".

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